Qué son los microplásticos y el problema ambiental que están causando

Qué son los microplásticos y el problema ambiental que están causando

En medio de las escarpadas cumbres de la región de Vicdessos, en los Pirineos franceses, los únicos signos visibles de presencia humana son un puñado de pueblos y algún que otro excursionista o esquiador; se considera un entorno prístino. Pero incluso aquí, los científicos han detectado diminutos trozos de plástico que caen del aire como polvo artificial.

Un estudio, el primero de su clase, descubre que estas partículas han llegado en el viento desde al menos 100 kilómetros de distancia y probablemente mucho más lejos. Esto es un claro indicio de que el transporte atmosférico es otra forma de distribución de la contaminación por plástico en el planeta, incluso en zonas remotas. “Y sugiere que se trata de un problema mucho mayor de lo que habíamos pensado hasta ahora”, afirma la coautora del estudio, Deonie Allen, de la École Nationale Supérieure Agronomique de Toulouse (ENSAT).

El estudio, es uno de los pocos que han intentado medir la cantidad de plástico que cae de la atmósfera. Marca la primera ola de lo que probablemente será una avalancha de estudios de este tipo en los próximos años, en un esfuerzo por completar la imagen de cómo se mueven los microplásticos por el medio ambiente y cómo los seres humanos pueden estar expuestos a ellos.

“Nadie había mirado hacia arriba”

Los microplásticos son trozos diminutos que se desprenden de artículos de plástico más grandes (como botellas y bolsas) al degradarse en el medio ambiente, así como las fibras que se desprenden de los tejidos sintéticos. Tienen una gran variedad de tamaños -desde un grano de arroz hasta un virus- y están formados por una compleja variedad de polímeros y sustancias químicas añadidas.

Cómo el plástico se convirtió en una plaga

La mayor parte de las investigaciones para detectar microplásticos en el medio ambiente se han realizado en el océano, donde se detectaron por primera vez, pero los científicos se han dado cuenta poco a poco de que también están presentes en los sistemas de agua dulce, el suelo y la atmósfera. El primer estudio para medir la caída de plásticos en la atmósfera -realizado en París- no se publicó hasta 2015. La reciente atención prestada al tema significa que sólo hay un puñado de mediciones de plástico en el aire, y poca idea de cómo pueden variar las cifras de un lugar a otro, dependiendo de las condiciones meteorológicas y de dónde procede el material en última instancia.

Allen y sus colegas sabían que se habían encontrado microplásticos en los ríos y sedimentos de los Pirineos, pero nadie había determinado las fuentes. La mayor parte no podía proceder de fuentes locales debido a la escasa población humana y a la limitada actividad industrial, por lo que a Allen le asaltó una pregunta clave: “¿Por qué no hemos mirado hacia arriba?”.

Eso es lo que hicieron ella y sus colegas, aprovechando los equipos de medición atmosférica ya existentes en los Pirineos y tomando muestras durante cinco meses. Encontraron fibras, películas y fragmentos de plástico, todos ellos de distintos tamaños. La mayoría de los polímeros que aparecieron en las muestras eran poliestireno, polietileno y polipropileno, todos ellos comunes en productos de plástico de un solo uso, como bolsas y envases de espuma para alimentos.

Un primer vistazo

Dado que el nuevo estudio incluyó tamaños de partículas más pequeños que los estudios anteriores, los investigadores encontraron más partículas de plástico en general; esto confirma una tendencia recurrente en los resultados de la investigación sobre microplásticos, según la cual cuanto más pequeño es el tamaño de las partículas, más cantidad hay. Al comparar sólo los rangos de tamaño examinados en el estudio de París de 2015, Allen y sus colegas hallaron una cantidad similar de microplásticos, lo cual era inesperado dados los entornos dispares de los dos estudios. Esto podría significar que el nuevo estudio “nos da un nivel de fondo de microplástico que probablemente se da en casi todo el mundo”, dice Melanie Bergmann, ecóloga marina del Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina (AWI), que estudia los microplásticos pero no participó en la nueva investigación. Pero como las muestras se promediaron a lo largo de todo un mes, podría ser que el nivel de fondo en los Pirineos sea más bajo, pero esté salpicado de penachos periódicos de microplásticos procedentes de zonas pobladas. (Ver más: https://www.minam.gob.pe/menos-plastico-mas-vida/que-son-los-microplasticos/)

El estudio no identificó con precisión el origen de los microplásticos, pero utilizó modelos informáticos de las corrientes atmosféricas para intentar rastrear el aire que los trajo, siendo el primer estudio en hacerlo. Sólo pudieron rastrear las masas de aire a nivel regional, pero pudieron mostrar las principales direcciones de las que procedían. Estaba claro que era improbable que las ciudades y pueblos relativamente pequeños fueran responsables de todo el plástico que detectaron, lo que sugiere que las fuentes últimas están más alejadas.

Aunque este rastreo es “un paso importante”, dice la investigadora de microplásticos Stephanie Wright, del King’s College de Londres, que no participó en la investigación, “es necesario conocer las fuentes para comprender mejor la trayectoria posterior”. Diferentes plásticos pueden proceder de diferentes fuentes, y “una corriente de aire podría recoger trozos a medida que avanza”, dice.

Los autores dicen que su trabajo es sólo un primer vistazo al panorama más amplio de los microplásticos transportados por el aire. Se necesitan muchas más muestras de todo el mundo -así como experimentos de laboratorio para ver cómo se comportan las distintas formas, tipos y tamaños de plásticos en diferentes condiciones meteorológicas- para comprender el alcance total de la situación, incluida la cantidad de microplásticos que podrían estar inhalando los seres humanos. Tanto Wright como Bergmann tienen pendientes estudios que miden la caída de microplásticos en Londres y el Ártico, respectivamente, y éstos añadirán más datos. Allen y sus colegas también están trabajando para ampliar su investigación. El coautor Steve Allen, del ENSAT y de la Universidad de Strathclyde, dice que “en los próximos años deberíamos tener una imagen mucho mejor de lo que ocurre”.

Carlos Delgado

Carlos Delgado. Soy comunicador, divulgador científico y docente universitario. Escribo para varios blogs sobre temas de medio ambiente, ciencias y actualidad. Mi formación es de biólogo, pero me apasiona las ciencias en general y el descubrimiento de la mejor manera de hacer las cosas.

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